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Lanzamiento oficial · Marzo de 2027. Estudios bíblicos · Miércoles 7:30 PM · McAllen

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Camina con nosotros

LO QUE CREEMOS

Guiar a las personas a tener un encuentro real con Jesús, enseñándoles a caminar conforme a la Escritura.

La Biblia es nuestra regla suficiente de fe y de conducta.

Lo que sigue no pretende agotar toda la verdad bíblica, sino establecer una base clara sobre la cual caminamos juntos como iglesia, para que hablemos todos una misma cosa (1 Corintios 1:10) y perseveremos, como la iglesia primitiva, en la doctrina, la comunión, el partimiento del pan y la oración (Hechos 2:42).

ARTÍCULOS DE FE

1

Las Escrituras

Creemos que la Biblia, en su totalidad, Antiguo y Nuevo Testamento, es la Palabra inspirada por Dios. No es simplemente un libro sobre Dios; es la revelación que Dios mismo ha dado, verbalmente inspirada, infalible y con plena autoridad sobre nuestra fe y nuestra manera de vivir (2 Timoteo 3:15-17; 2 Pedro 1:21).

2

El único Dios verdadero

Creemos en un solo Dios verdadero, eterno, Creador del cielo y de la tierra, Redentor de la humanidad, que se ha revelado a sí mismo como Padre, Hijo y Espíritu Santo (Deuteronomio 6:4; Mateo 28:19). No son tres dioses, ni un solo Dios que se manifiesta en tres modos sucesivos; son tres personas distintas en relación eterna, que comparten una misma naturaleza, una misma gloria y una misma autoridad. Esta distinción escapa a nuestra comprensión completa, pero no a nuestra fe: adoramos a un Dios que es comunidad perfecta desde antes de la creación.

3

La deidad del Señor Jesucristo

Creemos que Jesucristo es el eterno Hijo de Dios, engendrado del Padre, no creado. Nació de una virgen (Mateo 1:23), vivió una vida perfecta y sin pecado, hizo milagros que confirmaron su identidad (Hechos 10:38), murió en la cruz cargando nuestros pecados en un acto sustitutorio (1 Corintios 15:3; 2 Corintios 5:21), resucitó corporalmente al tercer día (Lucas 24:39) y fue exaltado a la diestra del Padre, donde hoy reina como Señor (Filipenses 2:9-11). Jesús no es solamente un ejemplo a seguir. Es Dios hecho carne, Emanuel, Dios con nosotros (Mateo 1:23).

4

La caída del hombre

Creemos que el ser humano fue creado bueno, a imagen y semejanza de Dios (Génesis 1:26-27), pero por su propia voluntad se apartó de Dios en desobediencia, y esa caída trajo tanto muerte física como muerte espiritual, entendida como separación de Dios (Romanos 5:12-19). Esto significa que el problema humano no es principalmente de información, ni de circunstancias, ni de falta de esfuerzo moral. Es un problema de relación rota con nuestro Creador, y solo Él puede restaurarla.

5

La salvación del hombre

Creemos que la única esperanza de redención está en la sangre derramada de Jesucristo (Juan 3:16). La salvación se recibe por arrepentimiento hacia Dios y fe en el Señor Jesucristo, no por mérito propio ni por obras (Efesios 2:8). Quien cree es hecho hijo de Dios, nace de nuevo por el Espíritu Santo y es justificado por gracia (Tito 3:5-7). La evidencia interna de esta nueva vida es el testimonio del Espíritu en el corazón del creyente (Romanos 8:16); la evidencia externa es una vida transformada, marcada por justicia y verdadera santidad (Efesios 4:24).

6

Las ordenanzas de la iglesia

El bautismo en agua. Todo aquel que se arrepiente y cree en Cristo debe ser bautizado por inmersión, como declaración pública de que ha muerto con Cristo y ha resucitado con Él para andar en novedad de vida (Romanos 6:4; Mateo 28:19). No es lo que salva; es lo que declara que ya se ha sido salvo.

La Santa Cena. Participamos del pan y del fruto de la vid como recordatorio de los sufrimientos y la muerte de Cristo, como expresión de nuestra comunión con Él, y como anuncio profético de su regreso, "hasta que él venga" (1 Corintios 11:26).

7

El bautismo en el Espíritu Santo

Creemos que todo creyente tiene derecho a recibir, y debe buscar con fervor, el bautismo en el Espíritu Santo, conforme a la promesa del Padre y el mandato de Jesús (Hechos 1:4-8). Esta fue la experiencia normal de la iglesia del Nuevo Testamento, distinta y subsecuente a la nueva conversión (Hechos 8:12-17; 10:44-46). Con este bautismo viene poder para el servicio, la manifestación de los dones espirituales, mayor reverencia a Dios, mayor consagración y un amor más activo por Cristo, por su Palabra y por los perdidos (Hechos 1:8; Marcos 16:20).

8

La evidencia física inicial

Creemos, como pentecostales clásicos, que el bautismo en el Espíritu Santo se evidencia inicialmente con la señal física de hablar en otras lenguas, según el Espíritu da que se hable (Hechos 2:4). Este hablar en lenguas, como evidencia inicial, es esencialmente lo mismo que el don de lenguas descrito en 1 Corintios 12, aunque distinto en propósito y uso (1 Corintios 12:4-10). No lo predicamos como requisito para la salvación, sino como la puerta de entrada a una vida llena y capacitada por el Espíritu.

9

La santificación

Creemos que la santificación es un acto de separación de todo lo malo y de dedicación a Dios (Romanos 12:1-2), y una vida de santidad "sin la cual nadie verá al Señor" (Hebreos 12:14). No es perfeccionismo humano ni una segunda salvación; es el proceso diario en que el creyente reconoce su identidad con Cristo en su muerte y resurrección, y por fe somete cada área de su vida al señorío del Espíritu Santo (Romanos 6:11-13; Gálatas 2:20).

10

La iglesia y su misión

Creemos que la Iglesia es el cuerpo de Cristo, la morada de Dios por el Espíritu, y que todo creyente nacido de nuevo forma parte de ella (Efesios 1:22-23; 2:22). Existimos para: evangelizar al mundo (Hechos 1:8), adorar a Dios como cuerpo (1 Corintios 12:13), edificar a los santos hasta la imagen de Cristo (Efesios 4:11-16), y mostrar el amor y la compasión de Dios a quienes nos rodean (Santiago 1:27).

11

El ministerio

Creemos que Cristo ha dado a su iglesia un ministerio con el propósito de dirigirla en la evangelización del mundo, la adoración a Dios, la edificación del cuerpo de creyentes a la imagen de su Hijo, y la atención a las necesidades humanas con amor y compasión (Efesios 4:11-16; Marcos 16:15-20).

12

Sanidad divina

Creemos que la sanidad divina es parte integral del evangelio, provista en la expiación de Cristo (Isaías 53:4-5; Mateo 8:16-17), y que es privilegio de todo creyente buscarla y orar por ella (Santiago 5:14-16). Confiamos en el poder sanador de Dios hoy, sin dejar de reconocer que Él actúa según su sabiduría y su tiempo, y que su gracia sostiene aun en medio de la enfermedad.

13

La esperanza bienaventurada

Creemos en el regreso de Cristo por su iglesia: la resurrección de quienes murieron en Cristo y el arrebatamiento de los que estén vivos, para encontrarse con el Señor (1 Tesalonicenses 4:16-17). Esta es la esperanza inminente y bienaventurada que sostiene a la iglesia en toda generación (Tito 2:13).

14

El reino milenario de Cristo

Creemos que, tras el arrebatamiento, Cristo regresará visiblemente con sus santos para reinar sobre la tierra por mil años (Apocalipsis 20:1-6), tiempo que traerá la salvación de Israel como nación (Romanos 11:26-27) y el establecimiento de una paz universal (Isaías 11:6-9).

15

El juicio final

Creemos en un juicio final, donde los muertos serán resucitados y juzgados conforme a sus obras (Apocalipsis 20:11-15). Todo aquel cuyo nombre no se halle escrito en el Libro de la Vida enfrentará castigo eterno, separado de la presencia de Dios (Apocalipsis 21:8). Por eso predicamos hoy la urgencia del evangelio: no como amenaza, sino como súplica de amor.

16

Los cielos nuevos y la tierra nueva

Creemos, conforme a la promesa de Dios, en cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia (2 Pedro 3:13), donde toda lágrima será enjugada y Dios habitará para siempre con su pueblo (Apocalipsis 21:3-4). Esta es la meta final de nuestra fe: no escapar del mundo, sino la restauración completa de todas las cosas bajo el señorío de Cristo.

SOBRE ESTE FUNDAMENTO

Ponemos nuestros fundamentos de fe por escrito porque la claridad doctrinal es, ante todo, un acto de amor pastoral. Lo que aquí declaramos no se mueve con las tendencias culturales ni con el humor del momento: permanece firme sobre la Escritura, para que, como exhorta el apóstol Pablo, ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina (Efesios 4:14). Creemos que la sana doctrina sostiene la vida real: da dirección a nuestra predicación, a nuestro discipulado y a la manera en que amamos a quienes nos rodean. Por eso exponemos nuestra fe con convicción, para que cada persona que se acerque a Camino sepa con exactitud sobre qué fundamento está caminando, y para que lo que hoy edificamos siga sosteniendo a las generaciones que vendrán después de nosotros.